En compañía de la Ministra de Relaciones Exteriores, el Jefe del Estado colombiano intervino en la reunión anual de la Organización Internacional del Trabajo

1/06/2018
En compañía de la Ministra de Relaciones Exteriores, el Jefe del Estado colombiano intervino en la reunión anual de la Organización Internacional del Trabajo

 

Ginebra (jun. 1/18). Como invitado especial a la edición número 107 de la Conferencia Internacional del Trabajo que cada año se organiza en Ginebra, el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos intervino en la entidad que colabora con Colombia en aspectos como el posconflicto y el fortalecimiento de las organizaciones sindicales rurales. La Ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, acompañó al mandatario colombiano durante su discurso ante la asamblea de la OIT.

 

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos ante la Organización Internacional del Trabajo

« Si vis pacem, cole justitiam ».

Si deseas la paz, cultiva la justicia. Esa es una verdad inobjetable. Un principio que se encuentra consignado en el documento que reposa bajo la piedra fundacional de este edificio.

Hoy vengo ante ustedes como el presidente de un país que comienza a construir paz y a transitar un camino complejo y a la vez esperanzador hacia el desarrollo, la prosperidad y una mayor justicia.

Y lo hago convencido de que, como reza el preámbulo de la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo, la paz permanente –la paz universal y la de los pueblos– solo puede basarse en la justicia social.

La paz es el propósito más sublime para cualquier sociedad. El propósito más alto al que podemos aspirar. La condición necesaria para ser libres y avanzar hacia la equidad y el bienestar.

Ese es el objetivo que venimos persiguiendo: la construcción colectiva de una sociedad democrática, basada en una vida digna para todos –sustentada en valores como la equidad, la inclusión y la garantía de los derechos fundamentales–.

La paz es mucho más que silenciar los fusiles. Eso ya lo conseguimos. Pusimos fin a más de medio siglo de conflicto armado entre hijos de una misma nación. No fue una tarea fácil.

Ahora comenzamos una tarea aún más compleja: la de construir la paz.

Construir la paz es como construir una catedral. Es un proceso largo y complejo que toma tiempo: ladrillo por ladrillo. Y nosotros apenas estamos comenzando.

Es un proceso que implica dimensiones políticas, económicas y sociales –un proceso que, sabíamos desde un principio, no tendría una duración menor a 15 años–.

Y la justicia social se logra con más empleo, menos pobreza y menos desigualdad.

El trabajo decente es un pilar de ese esfuerzo, en el que las políticas laborales y de un desarrollo económico más equitativo, son fundamentales.

El diseño e impulso de políticas públicas que apunten a la dignificación del empleo en Colombia y la promoción del diálogo social que garanticen en forma real y efectiva los derechos laborales de la población, han sido parte fundamental del gobierno, en esta coyuntura histórica del país.

Los historiadores saben bien que el mundo del trabajo ha estado siempre ligado a la construcción de la paz. No en vano, fue el Tratado de Versalles –con el que se puso fin a la Primera Guerra Mundial– el que creó la Organización Internacional del Trabajo.

Y a punto de terminar la Segunda Guerra Mundial, los representantes de empleadores, trabajadores y gobiernos coincidieron nuevamente en que la construcción y el mantenimiento de la paz en el mundo debería pasar por el reconocimiento de los derechos en el trabajo.

Así lo plantearon en la Declaración de Filadelfia, en 1944.

Colombia hace parte de la OIT desde su fundación, en 1919. Hemos estado comprometidos como Estado para poner en práctica sus objetivos e ideales, y hemos avanzado, aunque tal vez no lo suficiente. Lo reconocemos.

Pero ahora, gracias a la paz, estamos cerrando un ciclo marcado por hechos de violencia y por señalamientos de ser un país que no respetaba los derechos ni de los trabajadores ni de los empresarios.

Todavía nos queda un largo camino por recorrer –esta es una tarea de largo plazo–. Sin embargo, el progreso en estos últimos años ha sido significativo y hemos sentado las bases para avanzar más.

Tenemos una economía más robusta, más sólida, con baja inflación y la tasa de inversión más alta de la región. Una economía que –a diferencia de economías similares en América Latina– no dejó de crecer, a pesar de haber superado el peor choque externo que sufrimos los colombianos desde la gran depresión de los años treinta.

Los avances macro-económicos los hemos traducido en mejores indicadores sociales.

En este gobierno iniciamos una medición –más estricta, más completa– para hacerle mejor seguimiento a la pobreza. Una medición que no se basa simplemente en el ingreso monetario sino en el seguimiento a toda una serie de necesidades básicas que las familias deben satisfacer para superar la pobreza.

Se trata del Índice de Pobreza Multidimensional, desarrollado por mi antiguo profesor el Premio Nobel Amartya Sen, en el Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford.

Colombia y México fuimos pioneros en la aplicación de esta metodología, que hoy es empleada por más de 50 países en todo el mundo.

Lo más útil de esta metodología es que permite focalizar mucho mejor la inversión social, para atacar con mayor efectividad la pobreza.

Entre 2010 y 2017, la pobreza multidimensional en Colombia cayó del 30,4 por ciento al 17 por ciento. Esto quiere decir que 5 millones y medio personas salieron de la pobreza, una cifra sin precedentes en nuestra historia. En la medición tradicional de ingreso caímos de 40,3 a 26,9 por ciento.

La pobreza extrema también se redujo. Y se redujo ni más ni menos que a la mitad, pasando de 14,4 a 7,4 el año pasado. Estamos hablando de cerca de 2 millones 800 mil personas que salieron de la pobreza extrema.

La pobreza multidimensional la venimos midiendo a partir de cinco dimensiones: el acceso a la educación, la garantía de los derechos de los niños, el acceso a la salud, a la vivienda y –por supuesto– al trabajo.

La educación ha sido un eje fundamental de nuestro gobierno. Por eso duplicamos la inversión en este sector, y llevamos cuatro años dándole más recursos que a cualquier otro rubro del presupuesto nacional.

Decretamos la educación gratuita –desde el primero hasta el último grado– en los colegios públicos, mejoramos la calidad y pusimos en marcha un ambicioso plan para lograr la jornada única para todos los niños de Colombia.

También lanzamos un programa muy ambicioso de cuidado integral para los niños desde la primera infancia porque ahí es donde comienzan las desigualdades También incrementamos significativamente el acceso a la educación superior.

La salud la convertimos en un derecho fundamental y logramos cobertura universal.

Y el déficit habitacional lo redujimos en más del 50 por ciento, construyendo mas de millón y medio de viviendas y le dimos a 280 mil familias de los sectores más vulnerables casas totalmente gratis.

O sea, nos hemos esforzado por hacer realidad lo que hemos llamado un gobierno de derechos, en el que la paz y la protección de los derechos fundamentales de la población fueron nuestra carta de navegación.

Un gobierno basado en la inclusión y la no discriminación; en el cuidado del medio ambiente –porque somos un país muy rico en biodiversidad, pero también muy vulnerable frente al cambio climático–, y en la protección de los derechos de las víctimas, después de 50 años de guerra.

Quisimos ser un gobierno capaz de asegurar que todos los ciudadanos, sin importar su género, raza, creencias u orientación sexual, gocen de los mismos derechos y sean respetados en medio de la diversidad.

Hemos querido ser un gobierno dialogante con nuestras comunidades indígenas –respetuoso de sus derechos ancestrales, sus costumbres y sus tradiciones–.

Yo mismo fui el día que me posesioné ya casi hace ocho años a pedirles permiso a los gobernadores, a los mamos indígenas, a nuestros hermanos mayores para poderme posesionar ante el Congreso de la Republica en un acto de respeto a nuestras comunidades indígenas.

En todo esto avanzamos mucho, pero soy el primero en reconocer que aún queda mucho por hacer.

Un logro que para mí es especialmente importante, es haber logrado disminuir las brechas entre ricos y pobres, el llamado coeficiente de Gini, –es decir, la desigualdad– lo hemos podido disminuir más que cualquier otro país de América Latina, no lo dice el gobierno lo dice la Cepal, aunque todavía tenemos unas diferencias que siguen siendo vergonzosas.

Aun así los ingresos del 20 por ciento más pobre de la población crecieron a un ritmo cinco veces superior al del 20 por ciento más rico.

Ahora bien, un pilar fundamental de todo este esfuerzo ha sido el empleo –el empleo digno–.

En los últimos ocho años se han generado 3 millones y medio de empleos –el 70 por ciento de ellos formales–, y bajamos la tasa de desempleo a un dígito –y ahí lo hemos mantenido–, como lo prometimos hace ocho años, en mi primera campaña presidencial.

En el marco de nuestro Plan Nacional de Desarrollo adoptamos una Política Nacional de Trabajo Decente, que incluye estrategias para la generación de empleo, para la formalización laboral y la protección de los trabajadores vinculados a los sectores público y privado.

El acompañamiento de la OIT ha sido fundamental para alcanzar los buenos resultados que podemos compartir hoy con la comunidad internacional. En particular quiero agradecer en nombre de los colombianos y el mío propio, a Guy Rider y su equipo por su invaluable apoyo por su permanente consejo en el fortalecimiento de nuestras políticas laborales en línea con los altos estándares requeridos para nuestro acceso a la OCDE.

Nuestro país ha ratificado 61 convenios de la OIT, incluyendo los relacionados con los derechos fundamentales al trabajo, como lo son la libertad de asociación y el derecho a una negociación colectiva efectiva; el empleo sin discriminación; la prohibición del trabajo forzado, y la abolición efectiva del trabajo infantil.

Durante décadas, la OIT cuestionó la situación laboral de Colombia –y con razón–, en particular la relacionada con la violencia contra sindicalistas, y la falta de sentencias condenatorias.

A finales del siglo pasado, en 1998 se interpuso una queja contra Colombia relacionada con la observancia del Convenio sobre Libertad Sindical y la protección del derecho de sindicación, así como del Convenio sobre Negociación Colectiva.

Nuestro país estuvo a punto de ser expuesto a una comisión de encuesta, algo que finalmente –por fortuna– no sucedió.

Desde el año 2010 hasta hoy, Colombia solo ha sido llamada una sola vez –en 2014– a presentar informes en la Comisión de Aplicación de Normas por el Convenio sobre Inspección del Trabajo, después de haber sido llamada a rendir informes todos los años, por 20 años.

Los esfuerzos que hemos hecho como Estado y la asistencia técnica de la OIT han hecho posible que hoy nuestro país tenga una realidad distinta, una mejor historia que contar.

Y aquí también tengo que resaltar nuestra Comisión Tripartita donde nos sentamos a dialogar Gobierno, las centrales y los empleadores.

Hace dos años la Fiscalía General creó un grupo élite de impulso y seguimiento a las investigaciones penales por delitos cometidos contra sindicalistas. En los últimos años se han proferido 34 sentencias condenatorias por homicidio contra sindicalistas.

Y, por hechos anteriores a ese periodo, se han proferido cerca de 350 sentencias.

Los demás procesos por hechos ocurridos entre 2011 y 2017 avanzan a buen ritmo. 120 personas están privadas de la libertad por estos hechos.

Pero yo siempre digo que esto NO es suficiente. Una sola muerte es demasiado. Un solo crimen es un atentado contra los esfuerzos que estamos haciendo para escribir una nueva página de nuestra historia como nación.

También estamos registrando avances importantes en materia de protección de los derechos de reunión y asociación. A la fecha, ya tenemos una cifra del 88 por ciento de cierre de casos por violación de estos derechos.

Toda esta labor la hemos respaldado con un esfuerzo de fortalecimiento institucional.

En 2011 revivimos el Ministerio del Trabajo, algo que nos permitió duplicar la planta de inspectores en más del ciento por ciento, y crear el Servicio Público de Empleo.

También hicimos modificaciones normativas importantes solicitadas por la OIT, como el logro de que la declaratoria de ilegalidad de una huelga sea hecha por la rama judicial y no por el gobierno.

Igualmente, hemos hecho grandes esfuerzos para combatir la intermediación laboral indebida. Desde el 2014 hasta la fecha se han impuesto sanciones por cerca de 96 millones de dólares.

En cuanto a las convenciones colectivas, en los últimos ocho años se han depositado en el Ministerio del Trabajo 2.950 de ellas. Para que entiendan la dimensión de esta cifra, pasamos de 184 convenciones colectivas en 2010 a 574 en 2017.

Y se han realizado tres negociaciones colectivas en el sector público, que han beneficiado a más de un millón 200 mil servidores públicos.

En Colombia también se siguen creando organizaciones sindicales. Desde 2010 se han creado 2.500 sindicatos, 59 federaciones y 4 confederaciones.

En la actualidad, en Colombia existen 10.900 organizaciones sindicales vigentes.

Por otra parte, estamos comprometidos a fondo con la erradicación del trabajo infantil. La tasa nacional de trabajo infantil, que en 2011 se encontraba en el 13 por ciento, se situó el año pasado en 7,3 por ciento. La meta es que sea CERO.

Nuestro objetivo es seguir haciendo realidad para todos los colombianos el derecho a un trabajo digno –un trabajo de calidad, que es uno de los principales motores del desarrollo y la prosperidad–.

El desempleo en Colombia, sin embargo, sigue siendo demasiado alto. Aquí hay que hacer más esfuerzos.

Atendiendo ese propósito, la formación profesional integral se ha incrementado en casi 1 millón de cupos desde 2010. Por su parte, la formación complementaria presencial pasó de 3 millones 300 mil cupos a casi 5 millones.

El empleo digno y de calidad es, por supuesto, también empleo formal. Esto se ha reflejado en el incremento del número de afiliados activos del sistema de pensiones.

La cifra pasó de 6,9 millones en 2010 a 10,6 millones en 2017 –un aumento de más del 50 por ciento–.

Todos estos avances reitero, han sido posibles gracias al generoso acompañamiento de la OIT.

*****

Estimados amigos:

Para mí es un inmenso honor, es la primera vez que un presidente colombiano se dirige a esta Plenaria, el camino que venimos recorriendo en Colombia está integrado con la tarea que viene realizando la comunidad internacional en el marco de la Organización Internacional del Trabajo para dignificar la labor de los trabajadores y garantizar la efectiva protección de sus derechos.

Después de todo –como ya señalé– esa paz permanente que buscamos para el mundo solo es posible si garantizamos la justicia social.

Se trata de un reto inmenso por el cual debemos trabajar en un contexto global marcado por la incertidumbre.

Paradójicamente, los extraordinarios avances en materia de producción y crecimiento económico a nivel mundial –y que permitirían dar grandes pasos hacia la eliminación de la pobreza y la atención de las necesidades–, han generado desempleo y un subempleo masivo en varios puntos del planeta.

Según la OIT, hay 66 millones de jóvenes desempleados en todo el mundo, mientras que 145 millones de trabajadores jóvenes todavía viven en la pobreza.

O sea que tenemos ante nosotros un reto enorme un reto histórico que marcará el devenir de nuestras sociedades. Debemos garantizar que los grandes avances sociales y la promoción de la prosperidad sean vehículos efectivos para el cierre de brechas y no terminen por convertirse en factores de exclusión y tensión al interior de nuestras sociedades.

Y para evolucionar –para ser efectivos– debemos adaptarnos a las nuevas dinámicas del trabajo. Poner en línea nuestras propias instituciones, nuestras normas y nuestros procedimientos con esta nueva realidad, esta nueva realidad que cambia muy rápido todos los dias.

El mundo está mostrando unas relaciones cambiantes por cuenta de ese fenomeno la goblalización, la tecnología que también cambian todos los días una rapidez que es muy difícil para los Estados mantenerse actualizados, las nuevas formas de las empresas, el propio cambio climático que algunos todavía insisten en que no existe pero que está golpeando al planeta de forma implacable y por supuesto los nuevos modelos económicos.

Las formas cambian, los principios no. Objetivos como el cierre de brechas sociales y la promoción de una mayor justicia –guiados por principios como la igualdad de género y la erradicación del trabajo infantil– deben seguir orientando siempre nuestra tarea.

Colombia tiene mucho que aprender muchísimo que aprender de ustedes. Y también mucho para compartir con el mundo en este sentido.

El camino hacia la paz en nuestro país –impulsado por los avances sociales que les he expuesto– demuestra que sí es posible escribir una nueva página de la historia, y dejar atrás décadas de dolor, atraso y violencia.

Nuestra historia en el marco de la OIT es prueba de ello.

Hace un cuarto de siglo nadie hubiera creído posible que delegados de los empleadores y los trabajadores pudieran ser miembros del consejo de administración de la OIT u ocupar cargos de gran responsabilidad en órganos de control de esta casa.

Hoy, estas son unas realidades que a mí como colombiano, como Presidente y a todos los colombianos nos llenan de orgullo, y que nos siguen reconciliando con los sistemas multilaterales que tenemos que defender, hay muchos que están atacando a estos esos sistemas multilaterales pero tenemos las naciones del mundo que defenderlo –con una comunidad internacional que nos está brindando un respaldo vital para dejar atrás en el caso colombiano esta guerra que tanto, tanto dolor nos produjo–. 12:50

Avanzar. Ser mejores. Garantizar derechos. Cumplir con nuestros compromisos con la comunidad internacional. Demostrarnos a nosotros mismos –como colombianos– y al mundo que no estamos condenados al atraso y la desesperanza.

Este ha sido mi compromiso como presidente yo dejo la presidencia en dos meses, también ha sido mi compromiso Así como mantener una relación con la OIT en altos niveles de confianza y aprendizaje, para garantizar unas relaciones constructivas entre empleadores y trabajadores.

El pasado miércoles, Colombia hizo su ingreso oficial a la OCDE. Esto profundiza nuestra decisión de seguir aplicando –con un monitoreo permanente– las mejores políticas públicas en materia económica, social y, por supuesto, laboral.

Hoy agradezco inmensamente la oportunidad de dirigirme a ustedes para reiterar que el dialogo y la acción son la fórmula para construir –de forma pacífica, pero eficiente y solidaria– las relaciones que deben regir el futuro del trabajo.

Porque quien desea la paz, debe cultivar la justicia.

Muchas gracias.

 

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