La gastronomía de la sabana de Bogotá llegó a Suiza de la mano de la polifacética artista María Buenaventura

25/12/2018
La gastronomía de la sabana de Bogotá llegó a Suiza de la mano de la polifacética artista María Buenaventura

Berna (dic. 13/18). Como parte del Plan de Promoción de Colombia en el Exterior, la Embajada de Colombia en Suiza organizó una especial muestra gastronómica sobre los sabores tradicionales de la sabana de Bogotá, a cargo de la chef, filósofa y artista plástica, María Buenaventura.

El evento se llevó a cabo en la residencia de Colombia en Berna y fue una gran oportunidad para compartir parte de la cultura colombiana con funcionarios de alto nivel del Gobierno suizo, como el Embajador Bénédict de Cerjat, Director de América del Departamento Federal de Asuntos Exteriores de la Confederación Suiza y Martin Saladin, Director de Cooperación Económica de la Secretaría Federal de Asuntos Económicos –SECO–, entre otros.

El evento también contó con la participación de los Embajadores de la Santa Sede, España, Canadá y República Dominicana, así como los Encargados de Negocios de México y Guatemala y representantes de otras misiones diplomáticas acreditadas en Berna, como Estados Unidos, Polonia y México, entre otros. Asimismo, asistieron funcionarios de la Oficina Federal de Cultura, de la autoridad migratoria y representantes del mundo académico, de la prensa y de la cultura en Suiza.
 
Este singular encuentro gastronómico se desarrolló alrededor de las mesas bogotanas antiguas. La artista María Buenaventura presentó su trabajo, que parte de su investigación académica sobre las fuentes de agua en la sabana de Bogotá y utiliza en sus preparaciones los ingredientes que eran típicos de la región durante la época de la cultura muisca: pato, yacón, sal vigua, miel angelita, masato de lulo, carantantas y tamales, entre otros.

Alrededor de cada plato, María transmitió anécdotas sobre una Colombia aún desconocida para muchos: por ejemplo, compartió que la sabana de Bogotá es abundante en minas de sal y que los indígenas cavaban allí orificios para cocinar sus tubérculos. Esta historia, y muchas otras, se vieron reflejadas en los platos que los asistentes disfrutaron. De igual modo, la artista creó piezas de serigrafía, con la historia del menú, que los asistentes pudieron conservar.

 

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